Osteopatía Granada Miguel Peña

¿Qué es la osteopatía?

En este sentido, desde 1991 la Asociación Americana de Osteopatía (AOA) publicó la primera definición consensuada por un grupo de expertos que representaban a varias facultades de medicina osteopática.

Se podría declarar que la osteopatía es una medicina cuya filosofía subraya el concepto de la unidad en la salud y la enfermedad, la interrelación entre la estructura y la función y que contempla la capacidad del organismo para curarse por sí mismo.

¿Cómo trabaja un osteópata?

El concepto osteopático destaca cuatro principios generales establecido por Andrew Taylor Still, aunque no son los únicos rasgos del diagnóstico y tratamiento osteopáticos:

La estructura gobierna la función: Axioma básico y el más célebre de la osteopatía, viene a significar que toda alteración funcional viene determinada por una alteración estructural. La estructura no sólo es importante, sino que es la clave del tratamiento. Por lo tanto, corrigiendo ésta podremos solucionar la disfunción orgánica. Existe un principio fisiológico en los organismos vivos que señala que a través de permanentes ajustes dinámicos y de regulación estos son tendentes a mantener una condición estable y constante. Para un osteópata el mayor impedimento para tal fin es la restricción del movimiento natural de los tejidos, de manera que intercederá liberando los mismos y restituyendo su fisiología en favor de la correcta homeostasis. cuando la función de un tejido está alterada el propio tejido también lo estará (presente o no enfermedad o evidencia clínica, afectando en todo caso a su movilidad natural).

La ley de la arteria: todo desarreglo orgánico y visceral proviene de una mala irrigación sanguínea. En este sentido, proporcionar una buena nutrición al órgano es fundamental para restaurar su función.

El cuerpo es una unidad, no el sumatorio de sus partes, donde cada una se interrelaciona y depende del resto para mantener su función óptima. El concepto de unidad implica no atender cuerpos, sino individuos, únicos cada uno de ellos en sí mismos. La investigación clínica y biomédica ha demostrado irrefutablemente que el cuerpo y la mente son inseparables, y se consideran -y se tratan- como una sola entidad. Hoy se acepta ampliamente que lo que sucede en el cuerpo o la mente tiene repercusiones en la otra parte.

El cuerpo es capaz de autorregulación, autocuración y mantenimiento de la salud. Por ejemplo, no pasa inadvertido como las personas (y los animales) se recobran de sus afecciones y cicatrices sin ninguna intervención; por consiguiente, debe obrar alguna facultad curativa interior natural. Nos recobramos de la enfermedad, la fiebre cede, la sangre coagula y las heridas cicatrizan, los huesos rotos sueldan, las infecciones se superan, las erupciones cutáneas desaparecen, etc. Es el milagro de la capacidad curativa.

Por lo tanto, el modus operandi de un osteópata se basa en la comprensión de los principios osteopáticos básicos del cuerpo entendido como una unidad, en su capacidad de autorregulación y en la interrelación de estructura y función.
Entender el concepto de unidad es de especial importancia, pues a través de éste el osteópata lleva a relacionar el sistema musculoesquelético (normalmente motivo de consulta) con el resto de los sistemas corporales: digestivo, cardiovascular, respiratorio, nervioso, endocrino, etc. Todos estos sistemas se mantienen entre sí, a la par que mantienen al sistema musculoesquelético. El deterioro o la insuficiencia de alguna función visceral o de la comunicación del sistema musculoesquelético y las vísceras, se refleja en el sistema musculoesquelético. De forma que cuando se expresa un problema musculoesquelético, hay o puede haber un problema visceral subyacente. Esto impone al osteópata a tratar el sistema musculoesquelético del paciente así como los problemas vinculados que se relacionen con él mismo. Es importante recalcar que el sistema musculoesquelético a menudo refleja numerosos signos relacionados con enfermedades internas.

¿Qué trata la osteopatía?

En virtud de un principio intrínseco a la osteopatía por el que “el cuerpo es, en definitiva, el único capaz de curarse a sí mismo”, se desprende que la osteopatía abarca el tratamiento de un amplio marco de alteraciones o síntomas. Es decir, el osteópata lo único que hace es producir una serie de reajustes en el cuerpo, para que éste, en segunda instancia, sea capaz de eliminar prácticamente cualquier proceso que lo está dañando. La osteopatía jamás cura, el osteópata jamás cura, sólo el cuerpo está dotado de esa capacidad (el sistema inmunitario dispone de un potencial mucho mayor del que normalmente se le niega).

Siguiendo esta lógica, sumada al hecho de que la intención del osteópata es siempre tratar qué causa un problema y no el problema (casi siempre aquello que manifiesta el paciente como motivo de consulta).

Las alteraciones más frecuentes son:

Embarazadas, bebés, adultos, mayores.
Cervicalgias, tortícolis, dorsalgias, lumbalgias, sacralgias, coxalgias, gonalgias.
Otros problemas musculoesqueléticos: pinzamientos discales, contracturas musculares, esguinces, fascitis, tendinopatías.
Cefaleas, mareos, vértigos.
Neuralgias: cervicobraquiales, ciáticas, cruralgias.
Hernias discales: protrusiones, prolapsos.
Trastornos funcionales* ginecológicos, respiratorios, digestivos, urinarios, cardiovasculares.
Problemas degenerativos: artrosis.

¿Quién puede ser osteópata?

En España reina el acrónimo D.O. (diploma en osteopatía) para aquellos osteópatas con estudios osteopáticos de alto nivel. Y digo “moralmente” ya que la falta de regulación de la osteopatía en España hace de sí un argumento válido para que cualquier formación sea potencialmente tan válida como otra cualquiera. Pero, agrosso modo, afirmaríamos que sólo osteópatas con título C.O. y D.O. están suficientemente cualificados para un correcto ejercicio profesional. Los C.O. (Certificado en Osteopatía paso previo al D.O.) han pasado por una formación lo bastante rigurosa como para incluirlos como osteópatas cualificados (pese a no haber concluido los estudios en osteopatía completamente).

Al margen de este panorama, en lo que nos compete a España y Europa en general, las cosas pintan muy diferentes. En la inmensa mayoría de los países de este entorno, la osteopatía está en vías de regulación, lo que abriga la disparidad de las titulaciones. Los estudios fluctúan desde pequeños cursos hasta planes de estudio amplios donde la mayoría de las asignaturas son puramente médicas, con la adición en cada ciclo de la parte correspondiente a la técnica manual osteopática. En Europa, en el año 2010, sólo Gran Bretaña y en algunos cantones de Suiza la osteopatía ha sido reconocida plenamente.

¿Cómo es una sesión de Osteopatía?

La primera sesión consta de:

Interrogatorio al paciente. Aparte de los datos personales del paciente, se transcribe a papel el motivo de consulta, cómo se produjo, desde cuándo, hábitos posturales, etc., así como por los resultados de pruebas complementarias (radiografías, análisis de sangre, etc.) en caso de haberlas, y antecedentes y diagnósticos médicos previos.
Seguidamente, de la información proporcionada por el paciente, se desprende una batería de preguntas dirigidas por aparatos/sistemas (cardiovascular, respiratorio, digestivo, etc.).

Exploración, diagnóstico y tratamiento. Posiblemente no todo osteópata se guíe por un patrón exploratorio definido. Dependiendo de la sensibilidad, años de experiencia, etc., la exploración y el diagnóstico osteopático manual pueden diferir entre terapeutas. Pero, a fin de cuentas, lo que se busca -a través de las manos- son partes del cuerpo que han perdido su movilidad natural. Se entiende, por tanto, que el tratamiento está enfocado a revertir la movilidad de los tejidos bloqueados que puedan estar provocando el problema.

Las siguientes sesiones tendrán en cuenta cada una anterior, pero tanto el diagnóstico manual como el tratamiento posiblemente varíen. “Autorregulación” significa que el cuerpo cambia en cada tratamiento, de forma que normalmente no se puede presumir de antemano qué hallazgos se van a encontrar en cada sesión.
Lo más importante del diagnóstico no es saber qué tiene el paciente, sino descartar qué es lo que no tiene. Si se sospecha de alguna alteración que pueda poner en riesgo la salud del paciente, será derivado a la figura competente: su médico de familia o, incluso a un servicio de urgencias. Asimismo, será oportuno realizar otro tipo de pruebas (de imagen, analíticas, etc.) que completen el diagnóstico si ello fuera necesario.

¿Es doloroso el tratamiento osteopático?

No, en general. No existen indicaciones universales en cuanto a tratamientos se refiere, de manera que cada terapeuta interpreta realizar más o menos presión en diferentes partes del cuerpo según su percepción. De ello se infiere que algunas técnicas podrían suponer cierta molestia. Adicionalmente, las técnicas pueden aplicarse en tejidos muy diferentes (articulaciones, ligamentos, vísceras, tejido conectivo, etc.) siendo cada uno más susceptible al tratamiento. El grado de deterioro del tejido y el tiempo de aplicación de la técnica, además, varían su sensibilidad.

¿Tiene efectos secundarios?

La normalización de la tensión de las partes tratadas implica cambios, como es lógico. El osteópata realiza pequeños reajustes durante la sesión para que desde entonces y días posteriores el cuerpo se adapte a su nueva condición paulatinamente. Por lo tanto, los pacientes pueden sentir estas variaciones, normalmente en forma de confort, y, en algunos casos, como molestias. Es algo absolutamente normal, forma parte del proceso de corrección.

¿Cuánto dura una sesión, cuántas son y cuál es su frecuencia?

La duración se sitúa en torno a una hora
La inmensa mayoría de las veces de tres a cinco sesiones (de media) será suficiente. Para problemas recientes a veces menos. De cualquier forma, el número de sesiones dista mucho de convertirse en una norma.
El tiempo en revertir un problema depende fundamentalmente de su estado y de su cronicidad. En este sentido, cuanto más antigua sea la lesión más tardará en tratarse (no se puede restituir en un día o en un mes un problema de hace quince años). Esto no significa que deba tratarse más veces, quiere decir que las sesiones deben espaciarse más en el tiempo, de modo que entre ellas el cuerpo vaya evolucionando progresivamente. Esta circunstancia no quita que el paciente note mejoría en las dos primeras sesiones (las más cercanas entre ellas). En líneas generales, la frecuencia entre sesiones será de dos semanas a un mes, margen de tiempo para que después de cada tratamiento el cuerpo se vaya regulando y tornando en un estado de salud diferente.

Técnicas Osteopáticas

En general, el tratamiento osteopático consiste en tratar las disfunciones, la hipermovilidad o hipomovilidad que se puedan encontrar en la columna vertebral, las articulaciones, el sistema nervioso, el sistema muscular, las vísceras, el cráneo, etc. Busca recuperar el equilibrio corporal perdido, reactivando sus mecanismos de autocuración con diversas técnicas terapéuticas. El tratamiento depende de una evaluación corporal completa, del tipo de lesión y del tipo de paciente. Cada tratamiento es distinto y se debe seguir siempre un enfoque personalizado.

Estructurales
La terapéutica de las técnicas estructurales es denominada Thrust, según la nomenclatura norteamericana o técnicas de alta velocidad. Con estas manipulaciones el terapeuta busca recuperar el movimiento total de una articulación bloqueada y normalizar los reflejos neurológicos. Son normalmente usadas en la columna vertebral y son aquellas que producen un sonido audible. Su definición exacta es “movilización artificial de poca amplitud y alta velocidad”. La técnica de Thrust es suave, indolora y sin reacciones secundarias, sin peligro si se respetan las contraindicaciones.

Funcionales
Las técnicas neuromusculares o de músculo-energía son estiramientos en los que se pedirá la colaboración del paciente con contracciones musculares voluntarias que harán el estiramiento más efectivo.

Neuromusculares
En osteopatía, se considera que el cráneo tiene su propio movimiento, a través de las suturas de los huesos que lo conforman. Estos movimientos son de muy poca amplitud, debido a la fluctuación de liquido cefalorraquídeo dentro de la meninges que rodean al cerebro y a la medula espinal. El padre de estos descubrimientos fue William Garner Sutherland.

Sacro-Craneales
En osteopatía, se considera que el cráneo tiene su propio movimiento, a través de las suturas de los huesos que lo conforman. Estos movimientos son de muy poca amplitud, debido a la fluctuación de liquido cefalorraquídeo dentro de la meninges que rodean al cerebro y a la medula espinal. El padre de estos descubrimientos fue William Garner Sutherland.

Viscerales
Muchas disfunciones de tipo locomotor o propiamente del sistema fisiológico tienen su causa en restricciones de la movilidad de la articulación visceral, adherencias y fijaciones articulares viscerales. La víscera esta “atada” a vertebras, a otras vísceras, apoyada en músculos, separada por fascias, etc. La víscera forma parte del sistema estructural del individuo. Es una articulación más. También forma parte del principio de Still, “la estructura gobierna la función”.
El diafragma, que separa la cavidad torácica de la abdominal con sus respectivas presiones, es el motor de la respiración y de la movilidad de los órganos y de las vísceras. Sus 24.000 movimientos al día no son desdeñables, considerando que cualquier pequeña alteración en su funcionalidad a lo largo de los años, crea una suma lesional importante.

Fasciales
Las fascias son tejido conectivo que envuelven todas las estructuras del cuerpo (músculos, vísceras, meninges, etc.) de forma individual y en conjunto, por lo que podemos decir que las fascias no solo recubren las diferentes estructuras del cuerpo, sino que también las conectan entre si. Con movimientos, estiramientos y presiones la osteopatía libera restricciones en la movilidad de la fascias, consiguiendo un movimiento muscular y unas relaciones entre estructuras más equilibrada.