Antes de empezar mi etapa universitaria, decidí estudiar fisioterapia. La oportunidad de ayudar a los demás con mis propias manos es algo que, a día de hoy, sigue dándome grandes recompensas.
Tras terminar mis estudios de fisioterapia, comencé a especializarme en fisioterapia traumatológica y ortopédica, donde adquirí un profundo conocimiento en rehabilitación post-quirúrgica.
Durante el ejercicio de mi profesión fui tomando conciencia de las limitaciones de los tratamientos convencionales frente a los problemas reales de mis pacientes. Así que me hice una pregunta: ¿cómo puedo mejorar de verdad la vida de mi paciente? Esa pregunta me acompañó mientras dejaba atrás el trato impersonal, la electroterapia y los protocolos genéricos, y me volcaba en la terapia manual. Así empezaron mis estudios de osteopatía.
Durante seis años compaginé mi formación en osteopatía con mi vida laboral, y en ella encontré respuestas que no había hallado antes. Tratar al paciente como un TODO —tomando perspectiva, estableciendo conexiones entre sus síntomas y trabajando la mejora real de su calidad de vida— me hizo abandonar la idea de que un paciente es, simplemente, un dolor de rodilla, cervical o lumbar.
A día de hoy soy osteópata D.O. (máxima titulación europea en osteopatía), colegiado nº 3938 en el Ilustre Colegio Profesional de Fisioterapeutas de Andalucía, y miembro del R.O.E. (Registro de Osteópatas de España) con número de registro MROE: 485, en Granada.
