Nadadora de estilo crol mostrando la fase de la brazada donde se produce el hombro de nadador

Lesiones por natación: guía completa sobre hombro de nadador, rodilla del bracista y dolor de espalda

La natación tiene fama merecida de ser uno de los deportes más seguros para las articulaciones: se practica sin impacto y el agua sostiene buena parte del peso corporal. Pero esa misma reputación hace que muchos nadadores —desde quienes empiezan por recomendación médica hasta los que compiten a nivel federado— bajen la guardia frente a un dato que la fisioterapia deportiva conoce bien: el hombro es, con diferencia, la articulación que más se lesiona en este deporte, y en nadadores de competición la prevalencia de dolor de hombro a lo largo de la carrera deportiva puede superar el 60-70% según distintos estudios.

El motivo no es un golpe ni una caída, sino la repetición. Un nadador de nivel competitivo puede realizar entre 2.500 y 3.000 movimientos de hombro al día, lo que equivale a miles de revoluciones articulares por semana. Ese volumen de trabajo, sumado a la inestabilidad natural de la articulación del hombro y a fallos técnicos que pasan desapercibidos durante años, es la combinación perfecta para el sobreuso.

En esta guía repasamos, con criterio clínico, las tres zonas que concentran la inmensa mayoría de las lesiones por nadar —hombro, rodilla y columna— explicando qué las causa, cómo se manifiestan, cómo se diagnostican y qué papel juega la fisioterapia en su tratamiento y prevención.

Por qué la natación, pese a ser un deporte “seguro”, genera tantas lesiones por sobreuso

La clave está en el volumen y la repetición, no en el impacto. A diferencia de deportes como el fútbol o el baloncesto, donde las lesiones suelen ser traumáticas (esguinces, roturas fibrilares, contusiones), en natación el patrón dominante es la lesión por microtraumatismo repetitivo: estructuras que, brazada tras brazada, acumulan un estrés mecánico que el cuerpo no llega a reparar del todo entre sesión y sesión.

Tres factores explican por qué el hombro se lleva la peor parte:

  • Inestabilidad articular fisiológica. El hombro es la articulación más móvil del cuerpo humano, y esa movilidad se paga con estabilidad. En nadadores, además, es habitual encontrar una laxitud aumentada de la cápsula articular, que favorece microdesplazamientos de la cabeza humeral durante la brazada.
  • Disfunción escapular. Cuando la escápula no se mueve de forma coordinada con el húmero (lo que se conoce como discinesia escapular), el manguito rotador pierde el espacio subacromial que necesita para deslizarse sin rozar, y aparece el pinzamiento.
  • Fatiga muscular acumulada. A medida que avanza el entrenamiento, los estabilizadores del hombro (manguito rotador, serrato anterior, trapecio inferior) se fatigan antes que los grandes motores de la brazada (dorsal ancho, pectoral mayor), lo que empeora el control articular precisamente cuando más falta hace.

Hombro de nadador: la lesión más frecuente en natación

Qué es y por qué ocurre

El “hombro de nadador” no es una única lesión, sino un cuadro clínico que agrupa distintas patologías del complejo subacromial: tendinopatía del manguito rotador (especialmente del supraespinoso), pinzamiento subacromial, bursitis subacromiodeltoidea e inestabilidad glenohumeral. Representa más de la mitad de todas las lesiones diagnosticadas en nadadores, muy por delante de la rodilla, el tobillo o la espalda baja.

Está especialmente asociado al estilo crol y a espalda, que concentran la mayor parte de los casos, ya que son los estilos con mayor número de ciclos de brazada por sesión y mayor recorrido por encima de la cabeza.

Síntomas

  • Dolor en la cara anterior o lateral del hombro, que en fases iniciales solo aparece al final del entrenamiento y que con el tiempo se presenta desde las primeras brazadas
  • Molestia al elevar el brazo por encima de la cabeza, especialmente en la fase de recobro y de tirón de la brazada
  • Sensación de “pinzamiento” o chasquido en arcos concretos de movimiento
  • Pérdida progresiva de fuerza al empujar el agua, que el nadador suele notar como pérdida de “agarre” o velocidad
  • En fases avanzadas, dolor nocturno al apoyarse sobre el hombro afectado

Diagnóstico

La valoración clínica combina anamnesis deportiva (volumen de entrenamiento, cambios recientes de técnica o de material, estilo predominante), exploración de la movilidad activa y pasiva, y pruebas específicas de pinzamiento subacromial y de estabilidad glenohumeral (test de Neer, test de Hawkins-Kennedy, test de aprensión). Cuando el cuadro no mejora con el tratamiento conservador inicial o hay sospecha de rotura del manguito, se recurre a ecografía o resonancia magnética para confirmar el grado de afectación tendinosa.

Tratamiento fisioterapéutico

El abordaje conservador es eficaz en la gran mayoría de los casos y se estructura en fases:

  1. Control del dolor y la inflamación: reducción temporal del volumen de nado (no necesariamente reposo absoluto), crioterapia y modificación puntual de la técnica o el estilo mientras remite la fase aguda.
  2. Reeducación del control escapular: ejercicios específicos para el serrato anterior y el trapecio inferior, que son los músculos que más frecuentemente fallan en nadadores con hombro doloroso.
  3. Fortalecimiento progresivo del manguito rotador: trabajo excéntrico y en rangos funcionales para la brazada, que es donde suele fallar la readaptación si se entrena el hombro de forma genérica y no específica para natación.
  4. Análisis y corrección técnica: en coordinación con el entrenador, revisando la entrada de la mano, la rotación del tronco y el punto de apoyo en el agua, ya que una técnica deficiente es uno de los factores de recaída más frecuentes.
  5. Reincorporación progresiva al nado, guiada por la ausencia de dolor y no solo por el calendario de competición.

La cirugía queda reservada a un porcentaje minoritario de casos: roturas completas del manguito rotador o pinzamientos óseos que no responden a un tratamiento conservador bien pautado durante varios meses.

Rodilla del bracista: la lesión característica de la braza

Qué es y por qué ocurre

Es la segunda lesión más frecuente en natación y afecta de forma casi exclusiva a quienes nadan braza de forma habitual, con estudios que sitúan su incidencia entre el 70 y el 80% de los bracistas de cierto nivel. El origen está en la propia mecánica de la patada de braza: en la fase propulsiva, la rodilla pasa de estar flexionada y en rotación externa a extenderse con fuerza, generando un movimiento de torsión combinado con un valgo forzado que somete a tensión la cara interna de la rodilla, sobre todo el ligamento colateral medial y la zona retropatelar.

Síntomas

  • Dolor localizado en la cara interna de la rodilla, que en las fases iniciales aparece solo durante la patada de braza
  • Molestia que, si la lesión progresa, puede mantenerse en actividades cotidianas como subir escaleras o estar en cuclillas
  • En algunos casos, dolor en la zona rotuliana asociado a sobrecarga del tendón patelar

Tratamiento

El tratamiento conservador combina reducción temporal del volumen de patada de braza (no necesariamente eliminarla), crioterapia en fase aguda, trabajo de flexibilidad de la musculatura isquiotibial y aductora, y un plan de fortalecimiento específico que ha demostrado mejorar tanto el dolor como la función en nadadores de braza. El análisis técnico de la patada —evitando un valgo excesivo de rodilla en la fase propulsiva— es, igual que en el hombro, una parte imprescindible del abordaje para evitar recaídas.

Dolor cervical y de espalda en natación

La columna cervical y dorsal también se ve sometida a un estrés repetitivo específico de la natación, sobre todo por la necesidad constante de rotar la cabeza para respirar (en crol) o de mantener una hiperextensión cervical sostenida (en espalda y mariposa).

Causas más frecuentes

  • Técnica de respiración deficiente, con rotación cervical excesiva o asimétrica (respirar siempre hacia el mismo lado)
  • Falta de rotación de tronco, que obliga al cuello a compensar un giro que debería producirse en la columna dorsal
  • Debilidad de la musculatura estabilizadora escapular y del core, que se traduce en una mala postura de nado y sobrecarga cervical
  • En estilo espalda, hiperextensión mantenida de la columna cervical durante toda la sesión

Síntomas habituales: tensión y dolor en la zona alta del trapecio y la base del cuello, rigidez cervical al finalizar el entrenamiento, y en algunos casos cefalea tensional asociada, especialmente en nadadores que respiran siempre hacia el mismo lado.

Abordaje fisioterapéutico: el tratamiento combina técnicas manuales para liberar la tensión miofascial cervical y dorsal, ejercicios de movilidad de columna dorsal (frecuentemente el eslabón perdido cuando el cuello compensa un déficit de rotación torácica), y trabajo de fuerza del core y la musculatura escapular. La corrección de la técnica de respiración —alternando el lado de respiración cuando sea posible— suele ser una de las medidas más eficaces a medio plazo.

Prevención: lo que realmente reduce el riesgo de lesión

La evidencia en medicina deportiva coincide en que la prevención eficaz en natación no pasa por “nadar con más cuidado”, sino por intervenir sobre los factores modificables que hemos descrito:

  • Calentamiento específico antes de entrar al agua, incluyendo movilidad de hombro y activación escapular, no solo unos largos suaves.
  • Trabajo de fuerza en seco (fuera del agua) centrado en manguito rotador, serrato anterior y core, dos o tres veces por semana.
  • Revisión técnica periódica, especialmente cuando aumenta el volumen de entrenamiento o se introduce un nuevo estilo.
  • Progresión gradual del volumen e intensidad, evitando incrementos bruscos de metros o de sesiones de patada intensa.
  • Atención a las señales tempranas de dolor, sin esperar a que se convierta en una molestia constante: el dolor que solo aparece al final del entrenamiento es la fase en la que el tratamiento es más rápido y sencillo.

Cuándo acudir a fisioterapia

No hace falta esperar a que el dolor limite el día a día para consultar. Es buen momento para pedir valoración si:

  • El dolor de hombro, rodilla o cuello se repite en más de una sesión de entrenamiento.
  • Notas pérdida de fuerza o de rango de movimiento respecto a tu nivel habitual.
  • El dolor aparece cada vez más pronto dentro de la sesión de nado.
  • Has cambiado recientemente de estilo, volumen o técnica y ha aparecido molestia asociada.

Un diagnóstico temprano permite en la mayoría de los casos mantener la actividad —ajustando volumen y técnica— en lugar de tener que parar por completo. En nuestra consulta en Granada valoramos cada caso de forma individualizada, analizando tanto el origen de la lesión como los factores técnicos y de entrenamiento que la mantienen, para diseñar un plan de fisioterapia y readaptación deportiva adaptado a tu nivel y tus objetivos.

Si notas molestias en el hombro, la rodilla o la espalda al nadar, no esperes a que el dolor se cronifique. Contacta con nuestra clínica de fisioterapia y osteopatía en Granada y te ayudamos a identificar la causa y a volver al agua sin dolor.

¿Compites en natación o entrenas varios días por semana? Pide cita en nuestra clínica de fisioterapia deportiva en Granada y trabajamos contigo un plan de prevención y readaptación específico para tu estilo de nado.